¡Solidaridad con Venezuela! ¡No a una invasión de Venezuela!
- ¡Paremos la campaña de guerra imperialista y fascista de Donald Trump para recolonizar América Latina!
- Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores deben ser liberados de inmediato y devueltos a Venezuela
- ¡No a la guerra con Venezuela! ¡No a la invasión de Irán! ¡No a la invasión de Cuba!
- ¡No más deportaciones! ¡No más campos de concentración para inmigrantes!
- ¡Victoria para la lucha palestina!
- ¡Trump afuera por cualquier medio necesario!

Donald Trump ha intensificado su agenda fascista en América Latina con la invasión de Venezuela, iniciando así el intento de una nueva fase de recolonización brutalmente racista e imperialista de la región. La mañana del sábado 3 de enero de 2026, ocurrió lo que toda América Latina y el mundo temían: el ejército estadounidense invadió Venezuela, bombardeando Caracas, la capital, y otras ciudades del país en una operación que culminó con el arresto y la expulsión forzosa del presidente venezolano Nicolás Maduro. A pesar de la abrumadora oposición del pueblo venezolano y de la mayoría de los países latinoamericanos, Trump ha convertido la destitución de Maduro en una prioridad de su programa fascista y de su política belicista imperialista a nivel global. Las aspiraciones fascistas de Trump para reafirmar la dominación imperialista estadounidense en América Latina y en el mundo a través de la fuerza militar ha dado un peligroso paso adelante y debe ser detenido de inmediato.
El verdadero objetivo de este ataque se debe a dos razones: 1) arrebatar el control de las mayores reservas de petróleo del mundo al pueblo venezolano para entregárselo a las compañías petroleras estadounidenses; 2) reafirmar el control imperialista estadounidense en América Latina frente a la creciente influencia china en la región y a favor de los Estados Unidos en el contexto de la competencia imperialista general entre Estados Unidos y China.
A Trump no le importa la democracia. Está intentando imponer un régimen fascista en Estados Unidos y apoya a dictadores fascistas y regímenes autoritarios pro-estadounidenses en todo el mundo mediante intervenciones militares directas u otras acciones.
El movimiento internacional contra el fascismo debe oponerse con vehemencia a cualquier intento de la administración de Trump de imponer una dictadura respaldada por la CIA/Estados Unidos al pueblo de Venezuela, una dictadura cuyo objetivo es desviar la producción y el comercio de petróleo con Rusia y China, y garantizar que el petróleo se destine exclusivamente a Estados Unidos bajo el control de las compañías petroleras estadounidenses.
Trump pretende convertir a América Latina en una región colonial para oprimir y súper explotar y someter a sus pueblos, al mismo tiempo que implementa una política interna de persecución contra los latinos a través de las redadas y deportaciones de ICE en los Estados Unidos. Es fundamental que el movimiento condene este ataque militar y defienda la soberanía e independencia de cada país latinoamericano.
Desde hace meses, Trump ha llevado a cabo provocaciones militares cada vez mayores con la excusa de combatir a los “cárteles de la droga” en la costa atlántica y caribeña de Venezuela. La concentración de buques militares estadounidenses, como el portaaviones más grande del mundo, el USS Gerald Ford, representa la mayor concentración de fuerzas navales estadounidenses en cualquier región desde la Guerra del Golfo, y se suma a la creciente presencia militar naval y aérea en naciones caribeñas como Trinidad y Tobago y Puerto Rico. Los bombardeos han tenido como objetivo pequeñas embarcaciones pesqueras frente a la costa atlántica de Venezuela y frente a las costas atlántica y pacífica de Colombia, causando la muerte de más de 100 personas y dejando muchos heridos, sin que exista ninguna prueba de la presencia de drogas. En las últimas semanas, las fuerzas navales estadounidenses rodearon la costa venezolana, estableciendo un bloqueo naval, y atacaron y abordaron tres buques petroleros que probablemente se dirigían a China. Por si el bloqueo naval no fuera suficiente, drones militares estadounidenses bombardearon una instalación portuaria el 29 de diciembre de 2025, alegando que se trataba de un puerto utilizado para el narcotráfico. En realidad, este fue el último indicio del ataque inminente y un intento de desestabilizar el círculo interno de Maduro.
Durante décadas, Estados Unidos ha impuesto un conjunto de sanciones económicas continuas y cada vez más severas, similares a las impuestas a Cuba, con el fin de hambrear a la población venezolana y crear una crisis nacional que llevaría a la oposición interna y el derrocamiento del llamado gobierno “socialista”. Esta práctica, respaldada tanto por el Partido Republicano como por el Demócrata en Estados Unidos, ha resultado en gran medida un fracaso. La economía de Venezuela se desplomó tras la disminución de la producción y el comercio de petróleo, en los que se basa la inmensa mayoría de la economía. La hambruna de la población, la carencia de medicamentos y otros productos básicos, sumados a los abusos de un gobierno despótico, provocaron el mayor éxodo del hemisferio occidental, con casi ocho millones de venezolanos huyendo del país. Recientemente, en parte debido a la creciente inversión económica de China y Rusia, la producción y el comercio de petróleo aumentaron, contribuyendo a estabilizar la economía. La inversión económica de China también ha impulsado el auge del sector minero de metales raros y oro. La migración fuera del país prácticamente se detuvo, y el apoyo al régimen de Maduro aumentó con cada error racista de las políticas migratorias de Donald Trump, como el fin de las visas humanitarias, el parol y el derecho de asilo para los inmigrantes venezolanos, y las primeras oleadas de deportaciones masivas de refugiados venezolanos, sin mencionar las crecientes amenazas militares de ocupación y bombardeo de barcos pesqueros.
La intervención militar de Trump agravará inevitablemente la crisis económica, generará un período prolongado de inestabilidad política y social, lo que provocará una vez más la migración masiva forzada del pueblo venezolano hacia otras economías latinoamericanas en dificultades y hacia Estados Unidos. El gobierno colombiano ya ha desplegado personal militar en sus fronteras para impedir que los migrantes venezolanos crucen a Colombia.
En la actualidad, se están produciendo movilizaciones masivas del pueblo venezolano en las principales ciudades. El partido de Maduro sigue en el poder y mantiene su apoyo, prometiendo movilizar la resistencia armada, incluyendo una fuerza armada popular, que ha ido creciendo junto con la creciente amenaza de intervención militar estadounidense. Es imposible que Estados Unidos logre “gobernar el país” (la intención declarada de Trump) en contra de la voluntad de la mayoría del pueblo venezolano sin una ocupación militar estadounidense. Una cosa es que la CIA de Trump y sus partidarios de extrema derecha manipulen el proceso del Premio Nobel de la Paz para promover a una supuesta agente estadounidense de oposición como reemplazo de Maduro. Otra cosa muy distinta es imponer a esta agente débil e impopular al pueblo venezolano. El propio Trump ya ha tenido que reconocer que esta “Laureada Nobel”, María Corina Machado, no puede reemplazar a Maduro porque no cuenta con el respeto del pueblo venezolano. Naciones latinoamericanas como México, Chile y Colombia ya han expresado su oposición a la intervención de Trump.
No, Trump no tiene derecho a dictar las políticas ni a controlar los recursos de los países latinoamericanos. No podemos permitir que el gobierno fascista de Trump devuelva al continente americano a la época colonial. Los trabajadores y los pueblos oprimidos de Venezuela tienen derecho a resolver sus propios asuntos internos.
Las débiles críticas del Partido Demócrata a Trump no han expresado, en general, una oposición a un ataque fascista claramente antidemocrático contra los derechos democráticos de una nación soberana, sino que se han centrado principalmente en la preocupación por los procesos formales del Congreso, que los presidentes de ambos partidos han ignorado repetidamente desde la Segunda Guerra Mundial. La verdad es que este ataque fascista en el extranjero solo puede llevarse a cabo sobre una base antidemocrática en el propio país, por un gobierno fascista. El fascismo interno es necesario para la instigación de guerras fascistas en todo el mundo.
Las políticas fascistas de Trump significan el aumento del militarismo en todo el mundo y el apoyo a la dictadura, el despotismo y el autoritarismo, en lugar de la democracia. Bajo el mandato de Trump, la política internacional estadounidense se basa en la constante intimidación y amenaza del arsenal nuclear estadounidense y la amenaza permanente de invasión militar y guerra nuclear contra quienes se atrevan a oponerse a Trump y a la dominación imperialista estadounidense mundialmente.
Venezuela no puede convertirse en el próximo Irak, Afganistán o Vietnam en América Latina. Solo el poder de un movimiento de masas independiente, contra la guerra, antifascista y antiimperialista, tanto en los Estados Unidos e internacionalmente, puede detener la escalada bélica imperialista de Trump que nos conduce a la Tercera Guerra Mundial. Nuestro movimiento anti-Trump, pro-Palestino y pro-inmigrante, debe ser un movimiento contra las políticas exteriores fascistas de Trump y el imperialismo estadounidense, y por la derrota y la destitución de Trump y su gobierno.
Nuestro movimiento ya ha logrado un alto el fuego temporal en Gaza, por muy frágil que haya sido, y más recientemente, nuestras movilizaciones masivas en todo el país han infligido verdaderas derrotas a Trump y sus rufianes fascistas de ICE, expulsándolos de nuestras ciudades y, más recientemente, forzando la retirada de las tropas de la Guardia Nacional. Es este fracaso de su política de deportaciones masivas lo que está obligando a Trump a extralimitarse en política exterior para mantener el apoyo de su base fascista.